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Este artículo es algo redundante en lo que se refiere a su contenido con respecto a otros ya publicados anteriormente, pero es que no me resisto a escribir de nuevo basándome en las noticias que diariamente se publican con relación a los alegres avances en el campo de la inteligencia artificial o sintética, y es que no deja de sorprenderme la capacidad de autoengaño de la que hace gala el género humano.

Como ejemplo, hoy mismo he leido una noticia en un periódico de divulgación nacional: En ella se relata que Stephen Wozniak, cofundador de Apple allá por los 70 junto con Steve Jobs y demás amigos, vaticina, engolando mucho la voz, supongo,  que los teléfonos móviles tendrán "sentimientos y personalidad propia muy pronto" (¡¡¡¡????). En primer lugar, el pobre de Stephen anda dando vueltas por el mundo y diciendo sandeces desde que dejó tirado a Steve Jobs y, en segundo lugar, no hay mas que meditar 0.1 segundos en su última pamplina: Aun si nos pusiésemos en la hipótesis de que podemos construir una inteligencia artificial dotada de consciencia (para lo que quedan siglos y segurmente me quedo corto, caso de que tal cosa sea posible), nos podemos imaginar que un ente tal encerrado en la carcasa de un teléfono móvil se volvería loco en cinco minutos al no disponer de un cuerpo que le permitiese interaccionar con el mundo. Lo mas probable es que tratase de electrocutar a su dueño nada mas encender el chisme.

"Eres sólo una máquina...."

"Eso es lo mismo que decir que tú eres sólo un simio"

De todos es conocido el test de Turing para determinar si una máquina posee inteligencia de verdad; resumiendo mucho, consiste en ocultar el sistema al observador que trata de determinar si es inteligente o no, y este, mediante un teclado, le hace una serie de preguntas. Si la máquina responde de tal forma que el observador no puede distinguir las respuestas de las de un ser humano, se considera que la máquina es inteligente.

Para responder a esta pregunta, primero habremos de preguntarnos qué es un "procesador digital": Conceptualmente, un procesador digital no es más que una máquina universal de Turing, y no importa lo complejo, rápido o avanzado que sea. Sin entrar en muchos detalles (para los amantes de la divulgación científica, existe una excelente introducción al concepto en el libro "La nueva mente del emperador" de Roger Penrose), una máquina de Turing es un dispositivo ideal que permite ejecutar cualquier algoritmo matemático.

 

Esquema de la conferencia impartida entre el profesor Leopoldo La Rubia del departamento Filosofía I de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada y yo durante el congreso "PARA QUÉ ARTE. LÓGICA Y ESTÉTICA DEL LÍMITE" celebrado en Granada durante los días 3 y 4 de abril

El concepto que conocemos como “Arte” no tiene una definición única; según José García Leal, en su libro  Filosofía del arte, podemos distinguir hasta cuatro distintas, pero todas ellas tienen un elemento, a mi parecer, común:

Definición institucional: En lo intencional, nos dice que “un artista es una persona que participa conscientemente en la construcción de una obra de arte”.

Definición intencional: “Lo que hace que algo sea una obra de arte es la intención del autor”.

Definición funcional: “ciertos objetos son artísticos cuando ejercen la función de expresar sentimientos, imitar la realidad, satisfacer las necesidades espirituales de un pueblo histórico, simbolizar lo inaprensible, etc.”

Definición simbólica: La definición de arte a la que nos acogemos declara que lo que hace de algo una obra de arte es su específica condición simbólica y esa especificidad deriva de la construcción sensible del símbolo y de los procedimientos o modos de simbolización”

Existe la extendida creencia de que la Inteligencia Sintética o Artificial está muy desarrollada y que, de hecho, nos quedan como unos quince años o así para que dichos sistemas superen a las capacidades humanas. Existe un tal Vernor Vinge (muy conocido en su casa a la hora de comer) que dice tal cosa. 

Pues siento disentir y además bastante: Siendo yo estudiante de ingeniería en la Universidad Politécnica de Cataluña, hacia mediados de los años 80, los japoneses, tan aficionados ellos a todas las fantasías robotizantes que en el mundo han existido, anunciaron a bombo y platillo al mundo entero que estaban próximos a estrenar lo que dieron en llamar los "ordenadores de quinta generación", que serían inteligentes. Después de que el gobierno japonés se gastara no sé cuantos miles de millones de yens en el proyecto, no consiguieron nada de nada.

El caso es que siempre me pregunté por el paradero de los ordenadores de la generación cuarta, tercera, segunda.....Los humanos somos una especie muy ingenua y terriblemente optimista. En aquella época se le llamaba ordenador a cualquier chisme que tuviese una memoria ridícula de 640KB y un no menos ridículo disco rígido de 40MB, y esto por hablar de los ordenadores personales, que los profesionales, para qué te voy a contar. Fijaos que ni existía Windows (aunque sí que existían ya las máquinas de Apple y ¡qué maquinas comparadas con las demás!). En fin, los ordenadores de aquellos remotos tiempos eran calculadoras grandes y pesadas.